La Misión Permanente es un envío personal y eclesial que el Señor Jesús hace a todos y cada uno en la iglesia para que, animados por el Espíritu Santo, compartamos el Evangelio con cada persona, especialmente con los que se han alejado de la comunidad de la Iglesia.
Así mismo es la condición propia de la Iglesia: Evangelizar, celebrar, anunciar, salir de sí misma, ser samaritana, acoger y ser signo de salvación para el mundo.
"La vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión". (Aparecida 360)






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